Estos braseros son el compañero ideal para los días fríos. Con algunas pequeñas velas en su interior, que calientan la parte superior, se consigue subir varios grados la temperatura ambiental a una radio de 2 o 3 metros.

A pesar de tener todos un modelo similar, se tratan de piezas únicas hechas de arcilla refractaria, especial para soportar el choque térmico y el contacto directo con el fuego.

El brasero, que debe estar sin la tapita para que haya una correcta circulación de oxígeno que avive la llama, mantiene una sensación de calidez a los comensales de una fiesta íntima, aportando un toque original al centro de la mesa. Además puede calentar una estancia pequeña en poco más de media hora, y mantener una temperatura constante mientras las velas estén encendidas.

Para apagar el fuego de su interior, dado que no es recomendable tocarlo por la elevada temperatura que adquiere la cerámica, sólo es necesario colocar la tapita que ahogará el fuego.

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